Antes de poner tecnología encima, hay que entender qué se está haciendo. Cómo encaramos un relevamiento de procesos y qué se lleva el cliente al final.
Automatizar es multiplicar. Si el proceso está bien, multiplica los resultados; si está mal, multiplica los errores. Por eso en todos nuestros proyectos el relevamiento viene antes que cualquier decisión de software.
Qué hacemos en un relevamiento
No es una reunión ni una encuesta. Es sentarse al lado de quien hace el trabajo, mirar cómo lo hace y anotar cada paso, cada excepción y cada planilla paralela que aparece. Las excepciones son lo más valioso: casi siempre explican por qué el sistema anterior no se usaba.
- Entrevistas con quienes ejecutan, no sólo con quienes supervisan.
- Mapa del circuito completo, punta a punta, incluyendo lo informal.
- Medición de tiempos y volúmenes reales.
- Detección de controles que faltan o que se hacen dos veces.
Qué se lleva el cliente
Un manual de procesos que se entiende, con responsables e indicadores definidos, y una lista priorizada de oportunidades: qué conviene automatizar ya, qué conviene simplificar antes y qué conviene dejar como está.
Ese documento sirve para el proyecto de tecnología, pero también para incorporar gente nueva, para sostener una certificación de calidad y para discutir con proveedores en igualdad de condiciones.